Pensé que podía ser fuerte, y fallé. Que podría actuar como si me diera lo mismo porque pensé que te tendría al menos esta noche un poco más de tiempo, sólo para mí. Y fallé. De nuevo. Porque no tengo ningún derecho sobre ti. Ya lo recordé.
No tengo por qué tratar de explicarme a mí misma qué es esto que siento- y que estoy cansada de sentir-, no tengo ninguna razón ahora mismo que me ate a la cordura. Ni que me haga recuperar la concentración que se esfumó cuando empecé a sentir que ya no era lo que era (¿lo que fui?) y que eso de algún modo me hacía peor.
Pero escuché otro nombre en tus labios. Y me rompí por dentro, amor.Yo no quería las risas de otros ahí. Yo quería tu atención concentrada en mí. Tu voz hablándome sólo a mí, mi voz respondiéndote y mis labios sonriendo ante la noticia de tu llegada, ante la felicidad de saberte pronto conmigo.
Y esta vez traté de ser fuerte para evitar las lágrimas, de verdad, y casi lo logro. Pero ese estúpido sentimiento en mi pecho punzó una vez más y el detonante explotó.