agosto 23, 2008
suena, suena, suena
Cinco horas.
Suspiró, guardándose las lágrimas y la decepción, porque siempre que esperaba esa llamada... el teléfono jamás sonaba...
agosto 01, 2008
duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele,
duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele,
duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele,
duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele,
duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele,
duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele,
duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele,
duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele,
duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele.
Duele tanto que ni pensar me deja...
julio 14, 2008
miss you
Te quiero, por eso aguanto. Te amo, por eso soy capaz de seguir de pie cuando quisiera caer y no levantarme más. Te extraño, y aunque me haga llorar, ese dolor me recuerda que sigo viva, y que pronto vas a consolarme entre tus brazos.
julio 05, 2008
Avisar no mata
Pensé que podía ser fuerte, y fallé. Que podría actuar como si me diera lo mismo porque pensé que te tendría al menos esta noche un poco más de tiempo, sólo para mí. Y fallé. De nuevo. Porque no tengo ningún derecho sobre ti. Ya lo recordé.
Y esta vez traté de ser fuerte para evitar las lágrimas, de verdad, y casi lo logro. Pero ese estúpido sentimiento en mi pecho punzó una vez más y el detonante explotó.
junio 03, 2008
¿No basta?
¿Atormentarme con este agujero que siento en el pecho?
¿Recordar palabras ya dichas, como si las leyera en un libro, por que ha pasado tanto tiempo de haberlas escuchado que su voz ya se ha disuelto?
A veces me siento tan poca cosa, que no significo nada -y a la vez sé que significo todo- pero las respuestas escuetas no dicen mucho
- Yo voy a estar contigo..., ¿no basta con eso?
- Basta por ahora.
Le acaricié el rostro y le dije:
- Mira, te quiero más que a nada en el mundo. ¿No te basta eso?
- Si, es suficiente- contestó, sonriendo-. Suficiente para siempre.
Y se inclinó para presionar una vez más sus labios fríos contra mi garganta.
Crepúsculo -fragmento-. Stephanie Meyer.
mayo 20, 2008
delirios
El día avanza mientras mi cabeza no para de trabajar, que los cuadernos, tú, que el certamen, tú, que los trabajos, tú, y al final no hay una respuesta clara para ninguna de esas cosas. No es como si la buscara tampoco. A veces es mejor no pensar, te evita tiempo perdido, dolores de cabeza, lágrimas y más delirios.
El almuerzo pasa sin pena ni gloria, si estoy en casa como lo que me dan, si no, medio paquete de galletas de agua y agua mineral es lo que me llena hasta la hora de cenar -mentira, en casa no se cena, se toma el té- y antes de dormir, las benditas diez gotas que hacen que mis músculos no despierten agarrotados y que las pocas horas de sueño sean provechosas.
De pronto me cansé de ser una farmacia ambulante.
Se me escapan las lágrimas por las noches, sin explicación alguna, a veces hay pequeñas cosas que hacen que se forme el molesto nudo en la garganta y que las gotas saladas y molestas escapen aunque mi rostro siga impasible, sintiendo como lo recorren, perdiéndose algunas en la barbilla y otras en el huequito antes del esternón.
Y siento que nadie entiende, nadie, que nadie entiende la amargura que tengo, la pena, la rabia, la decepción conmigo misma.
Es ahí cuando los delirios empiezan, con más fuerza, brotan los gemidos frustrados, porque me siento tan triste, tan desprotegida -por que la protección que tengo la siento carente de toda calidez-, tan vacia, tan sola.
La ansiedad es demasiada y siento un vacío en el estómago, me obligo a cerrar los ojos húmedos y dormir, y entonces -como si alguien me golpeara- despierto asustada al no poder respirar, con un dolor de los mil demonios que no se quita con nada.
Y entonces me tomo otra pastilla...

