abril 09, 2007
Que se pierda el Sistema
Me carga porque cierra las mentes.
Porque tienes que seguir un patrón y una línea para "ser alguien" en la puta vida.
Me carga el sistema y lo que nos meten en la cabeza.
Y lo que tratan de clasificar como bueno o malo (natural o antinatural).
Me carga tener que ser parte del estúpido sistema que todos siguen y por el que todos se rigen.
Porque si piensas distinto te marginan.
Porque no puedes dar una idea por miedo a que el sistema la consuma y te clasifique como un "algo extraño".
Me carga la gente que sólo ve eso; que sólo el intelecto, el físico, o qué sé yo son las cosas que valen en la sociedad.
Podria echar la carrera por la ventana porque me cargan algunas cosas y fumar y tomar hasta quedar tirada en el suelo, pero no lo hago, y son cosas que parecen tomar como "algo común en ti"
¿Y qué si lo hiciera alguna vez?
¿Ah? ¿El mundo dejaría de girar? ¿El sistema se preocuparía?
Que se pierda el sistema.
Si total igual todos se mueren y confluyen en una cosa.
Un rico, un pobre;
alguien sin educación y otro con un título.
Igual a todos se los van a comer los gusanos.
He dicho.
marzo 03, 2007
He vuelto
He vuelto con una sonrisa en mi rostro,
con las mejillas coloreadas de rojo,
con los ojos brillando de emoción.
He regresado después de estar en tus brazos,
he sentido tus labios sobre los míos,
he llorado, soñado, dormido a tu lado.
He redescubierto el sentimiento,
con cada latido acelerado,
con cada beso, suave y apasionado.
He escuchado tus susurros suaves contra mi oreja,
las declaraciones de amor oculto, he sentido
tus manos recorriendo la piel, cubierta y descubierta.
He deseado volver a ti, un millón de veces.
He vuelto aquí, y sin embargo,
no quería regresar.
febrero 08, 2007
No quiero
¿Por qué?
Un sólo comentario puede bastar para que nos sintamos mal, para que nuestros ánimos decaigan hasta el punto de no querer escuchar más allá de eso. Son peores cuando las palabras vienen de gente cercana a ti.
¿Qué importa lo que digan esas personas si te tengo a ti?
A ti no parece importarte nada, pero yo sé que te importo yo, que tú y yo somos quiénes importamos. También hay veces que caigo en pensar que no te importo. Por tonterías nuevamente. Por cosas que son ajenas a "nuestro" mundo. Y aunque así sea, ahí estás tú, para traerme de regreso de esa nube gris, donde sólo hay lágrimas. Ahí estás tú, abrazándome, acurrucándome fuerte contra tu pecho. Sintiendo tu corazón latiendo junto al mío.
Por eso yo no quiero [ni necesito] un príncipe.
No quiero no saber qué hacer
No quiero ser caprichosa
No quiero ser débil
No quiero vivir en un castillo
No quiero tener vestidos ni coronas
No quiero ser fastidiosa
No quiero no entender
No quiero estar sola
No quiero ser una más entre ellas
No quiero volverme de piedra
No quiero llorar por miedos infundados
No quiero no sentir esto
No quiero estar lejos de ti.
Por eso yo no quiero [ni necesito] ser una princesa.
Yo quiero ser yo
Yo te quiero a ti.
[Crisis creativa, angustia latente. Cualquier relación con la realidad no es ficción.]
febrero 01, 2007
Write~
Cuando la gente me pregunta "¿Te gusta escribir?" Mi respuesta es afirmativa siempre, pero por qué? Quizás sea porque más que escribir me gusta leer, porque siento como si entrara en un mundo paralelo al mío, donde un fantasma ruso puede tocar el violín para mí, donde los vampiros habitan la tierra en las sombras y cobran víctimas cada cierto tiempo sin poder contenerse más al agradable y dulce aroma de la sangre, a sentir las pulsaciones aceleradas del mortal entre sus brazos.
Tal vez es por la adrenalínica carrera a la que se somete mi corazón cuando voy avanzando más por esas páginas, cuando al más mínimo ruido me sobresalto, imaginando que una de esas criaturas de la literatura viene por mí, o simplemente merodea por la casa. Lo cual sería imposible si realmente existieran, yo no tendría el oído tan agudizado para escucharlos, ni mi vista sería lo suficientemente rápida como para verlos sin que me lo permitieran. Quizás el fantasma ruso piense que no se apreciar la música y simplemente tome el arco y el violín y se marche.
Sí, y luego de haber devorado páginas y páginas uno empieza a plantearse el escribir. ¡Y resulta!
Y es entonces cuando te empecinas con algo y escribes y escribes! Y de pronto.. te viene la crisis creativa y no sabes cómo continuarla, y te llegan e-mails pidiendo que subas pronto "X" asunto.
Encuentras personas que comparten esto mismo que tu sientes y sonríes, y por esas casualidades de la vida conoces a alguien que cambia tu vida, que te hace sonreír, por quien tu corazón late rápidamente, acelerado, adrenalínico (más aún que cuando lees esas novelas inglesas de seres sobenaturales) y notas como tus mejillas se colorean de forma furiosa cuando se dirige a ti. Agradezco eternamente que me guste leer, que me guste escribir. Sin esas cosas creo que jamás nos hubiesemos conocido, jamás habría sentido el golpeteo acelerado en mi pecho. Gracias a ti por escribir también, Sweetheart.
enero 08, 2007
Catarsis
Yo odio esos días, detesto sentir que a la más mínima provocación acabaré llorando en un rincón de mi pieza, o quizás encerrada en el baño, quién sabe, quizás hasta la cocina sea un buen lugar para dejar correr esto que me quema.
Entonces vuelvo sobre mí misma, azoto la puerta de la pieza con fuerza y me dejo resbalar por ella, haciéndome un bollito humano y ahogando los jadeos mudos contra mis rodillas, apretando los dientes contra mis labios, amoratándolos casi.
Pero esto es algo que no importa para los demás.
Y el nudo se vuelve tan grande, tan difícil de cargar, tan apretado que no hay forma de que pueda tragarlo. En esos momentos mi corazón late rápido, como si no fuera a volver a hacerlo.
Y termino ahí, ahogándome sola en el rincón, en el baño, en la cocina, a veces tras un pañuelo que al ser usado se va al basurero.
Hay días en que yo quisiera recibir un abrazo, dejarme arrastrar por los suaves arrullos contra cu cuello y botar las lágrimas que de alguna forma no se detienen.
Hay días en que te extraño aún más, en los que creo que todo lo que hago está mal... en que te molestan mis tonterías de niña, en que te cansas de mí.
Hay días que yo no quisiera pensar, no me importarían las lágrimas, si tú estuvieras aquí sosteniéndome, sin dejarme caer, sin soltarme ni desapegarme de tu cuerpo.
Hay días en que nada tiene sentido más que esto.
Todos los días, aunque llore, aunque hayan sonrisas en mis labios, sólo una cosa es siempre la misma. Te amo M.Bathory.
diciembre 28, 2006
Noche de Rosas Blancas, Tercera Parte
Noche de Rosas Blancas
Tercera parte
Pese a que su primer pensamiento fue el de morder aquella lengua, que tan atrevidamente había buscado la suya, no lo hizo… sintió su cuerpo estremecerse al darse cuenta de que de un momento a otro estaba correspondiendo al apasionado beso robado.
Inexperiencia y seducción se mezclaban en aquel beso que compartían… lujuria, deseo, apetito sexual… una danza de colores, formas y olores, todo mezclado en aquella habitación con decoración infantil.
La cara angelical, desprovista de las gemas que brillaban la luz cada día, comenzó a adquirir un tono rosado… pasando por el carmín y finalmente un escarlata brillante por el sudor que perlaba su piel.
Las manos expertas sujetaron los tersos muslos de la niña mientras abandonaba sus labios y comenzaba a morder el arco de su cuello blanco. Encajando sus dientes en él, dejando marcas rojizas después de succionar la piel que se mostraba pura y virgen ante él.
Un jadeo involuntario salió de los labios de la joven, susurrando el nombre de quien la estaba amando por primera vez, mostrando su rosada lengua y los dientes blancos al mismo tiempo… llevó sus manos a la nuca, intentando desarmar el nudo que la privaba de visión… pero su atacante dándose cuenta de lo que pretendía tomó sus manos y las retiró del lugar antes de que cometieran la acción.
Susurró cosas sucias a los oídos vírgenes, osó profanar el hueco de la oreja al meter su lengua dentro de él, mordiendo seguidamente el lóbulo decorado con un zarcillo de aspecto elegante.
La temperatura volvió a subir cuando entrelazó sus piernas con las de ella y tomó con decisión sus nalgas, sintiendo la piel tibia comenzar a calentarse cada vez más… con una mano continuó subiendo el vestido, dejando expuesto el torso de la niña, observando los pechos pronunciados que se escondían tras la tela.
Bendita tela que guardaba los encantos de la niña virgen, de la santa e inmaculada señorita.
Dejó vagar sus labios en el seno de la chica, en el hueco hundido entre los pechos que se alzaban imperiosos, firmes y suaves…La brisa azotó de pronto en el cuarto. El viento frío colándose entre las cortinas de seda…los cuerpos amándose, disfrutando del baile de los amantes, los corazones latiendo casi al unísono, formando un coro celestial, del cual la voz de la chica era el ángel que lo dirigía…
Finalmente, todo acabó, un cuerpo extraño quedó tendido sobre las sabanas revueltas, un enredo de brazos que se abrazaban, de manos que desataban pañuelos de seda y de piernas que se acariciaban luego de haber sufrido los estragos del amor.
- Je t’aime… - pronunció la angelical voz, adormilada por el arrullo de los abrazos, por la respiración que sentía sobre sus cabellos y los suaves besos repartidos en su nuca.
*~*~*~*~*~*~*
La misma brisa fría entró en la habitación de nuevo. El cuerpo de la joven comenzó a moverse sobre la cama tanteando a su alrededor, sentándose sobresaltada al no encontrar ningún cuerpo durmiendo junto al suyo… bajó la vista, notando que estaba completamente vestida, y que la habitación tenía el mismo olor a rosas blancas que tanto conocía…Se levantó de la cama, caminando hasta su propio balcón, mirando las plantas una por una, viendo como los rayos plateados seguían cayendo sobre ellas… Un brillo especial le hizo detenerse. Ahí, entre la blancura fantasmal, una rosa roja se erguía entre las demás…
Fine
diciembre 15, 2006
Noche de Rosas Blancas, Segunda Parte
Noche de Rosas Blancas
Segunda Parte
Los dedos seguían acariciando los labios tiernos y rosados que semejaban botones de rosa… el cuerpo menudo se movió inquietamente sobre la cama, dándole la espalda a quién estuviese tras ella haciendo que la caricia fuera interrumpida y que aquellos dedos vagaran con libertad por su mejilla y cuello.
Las atrevidas manos comenzaron a bajar por su costado, apenas rozando el vestido que le cubría, llegando hasta el fin de este cuando alcanzaba la rodilla… siguió bajando, acariciando la piel hasta llegar al tobillo y empezar a ascender por la parte interna de sus piernas...
Levantó el vestido con sus manos de forma delicada, procurando no despertar a la joven con aquel movimiento, tocando con las yemas de sus dedos la piel que iba quedando expuesta. Una piel nívea, suave… tan suave como la tela misma.
El deseo empezó a recorrer el cuerpo del atacante nocturno, que guiado por sus instintos se recostó sobre la cama y se pegó con lascivia a aquel cuerpo pequeño.
La niña abrió los ojos con suavidad, pestañeando varias veces… simulando el aleteo rápido de una mariposa que escapa ante un depredador. Un depredador. Como el que ahora sentía que acariciaba su vientre bajo su ropa.
Se movió inquieta, tratando de simular que dormía aún, pero su pulso, su acelerado corazón impidieron que aquel cayera en la treta. Sintió como un pañuelo con un olor a chocolate era colocado sobre sus ojos, y como lo amarraban fuertemente en su nuca.
Una boca hambrienta recorrió la parte posterior de su cuello, lanzando corrientes eléctricas aún en contra de su voluntad a todo su cuerpo. Los músculos se tensaron al sentir como una de las manos subían más, posándolas en los redondos pechos sobre el sostén de encajes suaves.
La otra bajó de nuevo, deslizándose sobre la prenda interior de forma delicada. Los dientes de la chica mordieron fuertemente sus rosados labios, hinchándolos de forma leve. Sus manos delicadas acudieron en ayuda de su doncellez, posándolas violentamente sobre las otras, por sobre el vestido, deteniendo el desvergonzado ataque.
Volteo su rostro, los ojos mieles tapados por el pañuelo negro de seda, dispuesta a reclamar a aquella persona, que reconocía sólo por el aroma, sobre sus acciones. Tragó saliva de forma nerviosa, pero antes de abrir su boca, para hablarle, otros labios sedientos se apoderaron de los suyos.
Una lengua juguetona se abrió paso a través de sus labios y dientes, dispuesta a encontrarse con la otra, compartiendo un húmedo beso…
Albert Schweitzer

